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Moss Preserved in GlassEl aire gris de ceniza nos azotaba. Casi no podíamos respirar y permanecimos encerrados en la parroquia llenándola de paños húmedos en las puertas y ventanas. Estábamos muriendo asfixiados. Entonces una noche llamaron a la puerta y vi a una mujer que había dejado en el suelo, sin decir nada, una tela con unos trozos de musgo blanquecino. La miré sorprendido pues parecía haberse untado tal musgo en los orificios de su nariz, y dándose la vuelta, la mujer se marchó. Esperanzado, expliqué lo sucedido a los hermanos y decidimos untarnos tal sustancia tal y como ella había hecho. No pasó mucho rato cuando pudimos respirar con normalidad y esperar sin miedo a que aquel cielo plomizo de ceniza volviera a recuperar su color azul.

Vendido por Candelaria por 1500

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